
Era tarde de otoño en la tierra de Halloween y el aire era totalmente escalofriante.
Contra la luna un esqueleto se sentó solo en la colina.
El era alto y delgado con una corbata de lazo de murciélago,
Jacks Skellintong era su nombre.
Estaba cansado y aburrido en la tierra de Halloween.
"Estoy asqueado del susto, del terror, del miedo.
Estoy cansado de ser algo con lo que te topas en la noche.
Estoy aburrido de mirar de reojo con mis horribles miradas,
y mis pies duelen de bailar esas danzas de esqueletos.
No me gustan los cementerios y necesito algo nuevo.
Debe haber algo más en la vida que gritar ¡Buh!".
Después desde una tumba, con un rizo y un giro,
vino una neblina azotadora, gimoteante y espectral.
Era un pequeño perro fantasma, con pequeño ladrido confiado
y una nariz-linterna que brillaba en la oscuridad.
Era el perro de Jack, Zero, el mejor amigo que tenía.
Pero Jack apenas lo noto, lo que entristeció a Zero.
Toda esa noche y durante el día siguiente, Jack vagaba y caminaba.
El estaba lleno de desaliento.
Después en lo profundo del bosque, justo antes de la noche, Jack divisó una vista sorprendente.
No a mas de veinte pies del punto en que se encontraba, se hallaban tres enormes puertas talladas en el bosque.
El se puso ante ellas, completamente atónito, su mirada fija se atravesó a una puerta especial.
Encantado y emocionado, con un ligero sentido de preocupación,
Jack abrió la puerta a una ventisca blanca y ventosa.
Jack no lo sabía, pero había caído en el centro de un lugar llamado,
¡Aldea Navideña!.
Fragmento del poema "Pesadilla antes de navidad" Tim Burton.
Foto: Diane Arbus.








