“Hay algo oscuro en mí, que me impide mostrarme al mundo como soy. Algo que me tiene atado entre las sombras, y me atrapa para sí; pero que a la vez me protege envenenando mi alma y enderezando mi ser. Como una cortina de humo y una tela de araña que consumen mi espacio hasta ahogarme, queriendo explotar violentamente como una estrella; quemada y consumida por el paso del tiempo…”
Cuantas veces no nos habremos sentido como una estrella queriendo explotar, tras descubrir que todo aquello a lo que habíamos puesto entusiasmo y dedicación, nunca sirvió de nada, o a lo sumo, fue tan efímero y fugaz que hemos preferido vivir en ese instante idílico a evaluar in situ la situación…
Una relación de cualquier tipo, debería de ser un feedback, un reporte equitativo al aporte, una compensación al individuo por las sinergias empleadas, pero ¿de qué tipo?
Lo importante, es que sean relaciones bidireccionales, ya que si partimos de un mundo físico, encontramos la ley de “causa-efecto”. Toda causa, conlleva un efecto que debe reverter, transformada, en el causante. Si no se diera esta condición, no existirían las simbiosis.
Los intereses mueven nuestra existencia, pero no se debe caer en un mero agujero negro que todo absorbe, porque se corre el riesgo de que el huésped desangre al anfitrión y convertirse en un ser vampírico que absorbe la energía y a cambio no produce nada.
Ese sería el gran error como ser existencial, no producir nada a cambio. Todos estamos interconectados y todas nuestras acciones causan efectos en otras personas. Depender en su totalidad de otro, sería como no evolucionar y seguir en la seguridad del útero materno.
Pero a diferencia del útero materno, el resto, no es una fuente inagotable de amor y deseos, sino más bien un mercado desinteresado donde la diplomacia y la confianza mutua, son los pilares para no albergar faltas en los corazones.
Esos corazones que necesitan una coraza para no revelarse tan a la ligera. Desnudémoslos al igual que desnudamos nuestros cuerpos. Nunca seremos autosuficientes ni física ni mentalmente. Démosle a nuestra existencia un trueque de vivencias y experiencias con las que enriquecerla, en vez de usurparlas y menospreciarlas como si fuesen objetos de consumo.
Consumamos objetos, alimentos, incluso el tiempo. Pero recordemos que consumir nuestros corazones trae tantas consecuencias como quemar la energía de un sol, hasta la hecatombe…
Ilustraciones:Alberto Sanchez Ballesteros.
Texto:Lisardo Pérez Lugones